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ISSN: 1900-2459
N° 20
2019
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Valoración crítica
Una perspectiva en el siglo XXI: Capitalismo,
socialismo y democracia
Antonio Boada*
RESUMEN
El presente texto ofrece un análisis de la obra de Schumpeter titulada Capitalismo,
socialismo y democracia con la finalidad de ofrecer una perspectiva, no solo desde
el punto de vista económico sino además social. Para ello se consideraron las
tesis de las obras de Marx (1984) y Schumpeter (1983) que establecen una visión
moderna para el siglo XXI.
Mediante la teoría de horizonte de expectativas establecidas por Jauss desde
el año 1967 (Broitman, 2015), se propone, en esta oportunidad, la interpretación
de la época de Schumpeter y Marx como una suma de comportamientos,
conocimientos e ideas preconcebidas que encuentra una obra en el momento
de su aparición y que constituye el contexto de su valoración, estableciendo de
forma sinérgica una contraposición con la realidad posmoderna del siglo XXI.
* Docente de tiempo completo de la Fundación Universitaria CEIPA, Correo: antonio.boada@ceipa.edu.co.
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1. Schumpeter: Capitalismo, socialismo y democracia
Bajo un lenguaje conciliador y objetivo, Schumpeter expone al lector de la
época el posible advenimiento de la “socialdemocracia” desde las cenizas
del capitalismo clásico. Luego de las dos guerras mundiales, las sociedades
cambiaron radicalmente, lo que dio origen a una mutación del capitalismo
inicial establecido por Taylor y Fayol, lo que convierte a Schumpeter en uno
de los principales referentes de la perspectiva crítica, en tanto establece la
viabilidad del socialismo y su compatibilidad con la democracia, con una creativa
concepción social que no rechaza la dinámica económica del mercado.
Schumpeter inicia al lector en su análisis con la gran pregunta: ¿Puede
sobrevivir el capitalismo? Propone una hipótesis en la cual el capitalismo ha venido
generando el surgimiento de una forma socialista y ha abonado el terreno para
el florecimiento de un orden socialista que se acerque a un trato equilibrado de
sus distintos puntos. Sin embargo, esta concepción determinada por el autor en
1963, puede tener ahora otra faceta en la que el capitalismo ha sufrido evoluciones,
asimilando un carácter social y mayor empatía con la comunidad.
De manera creativa, Schumpeter (1983) empieza equiparando el marxismo
con una religión en la que “el adversario (haciendo referencia al no marxista) no
está simplemente en un error, sino en pecado; la disidencia es condenada no sólo
intelectualmente, sino también moralmente”. Así vincula y logra una impactante
sinergia entre la decadencia religiosa y las tendencias racionalistas y materialistas
de la época. Para este autor, la predicación del socialismo, se convierte en:
Predicar con ropaje de análisis mirando las necesidades del corazón, es
lo que conquistó apasionadamente y dio al marxista el don que consiste
en la convicción de que lo que se es y lo que se pretende no puede ser
derrotado. (1983).
De esta manera, el autor desarrolló el intento de reemplazar los sentimientos
efectivos por una revelación (verdadera o falsa) de la lógica de la evolución social,
atribuyendo así a las masas su propio tópico de conciencia de clase y falsificando
la verdadera psicología del trabajador.
Schumpeter afirma que Marx fue muy cauteloso y no vertió lágrimas por
la belleza de la idea socialista, no glorificó a los trabajadores como héroes
de la fatiga cotidiana y tuvo quizás una clara percepción de lo que son las
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masas, mirando por encima de sus cabezas hacia metas sociales que estaban
mucho más allá de sus propias aspiraciones individuales. Simplemente Marx no
pretendió más que enunciar la lógica del proceso dialéctico de la historia. De
hecho, Marx como sociólogo, aportó para su tarea un instrumental que consistía
primordialmente en un dominio extenso y lógico de los hechos históricos, logró
con esto un impulso analítico pasional, para resultar ser uno de los mayores
aportes individuales a la sociología: la interpretación económica de la historia
que no es la actuación humana consciente o inconsciente, total o primordial
por motivos económicos, sino por el contrario, devela el protagonismo de la
influencia de los motivos no económicos y el análisis de cómo la realidad social
se refleja en las psiques individuales.
Para Schumpeter (1983) “otras dificultades que surgen en el curso del ensayo
de interpretación histórica aplicando el esquema de Marx podrían resolverse
admitiendo en cierta medida la interacción entre la esfera de la producción y las
demás esferas de la vida social”. De hecho, los economistas fueron “extrañamente
tardíos” en reconocer el fenómeno de las clases sociales, mientras Marx (1984)
ya lo había identificado en la teoría de las clases sociales.
Su aparición histórica fue tal como lo expresa el Manifiesto Comunista, una
carta de presentación que mostró la historia de las sociedades como la historia
de las luchas de clases, demostrando así que mediante esta lucha de clases los
capitalistas pueden destruirse unos a otros y, con el tiempo, destruirían incluso
el sistema capitalista. Sin embargo, esta idea de Schumpeter es concebida por
la rigidez del capitalismo, aspecto que no ha sido así, especialmente desde
la segunda mitad del siglo XX e inicios del siglo XXI, porque el capitalismo ha
realizado labores de adecuación, asimilación e inclusión de beneficios sociales, con
equilibrio gubernamental que le han llevado a la minimización de este fantasma
de destrucción originalmente creado.
Una concepción interesante expuesta por Schumpeter sobre Marx corresponde
a la definición del capitalismo desde el punto de vista sociológico, pues considera
la institución del dominio privado sobre los medios de producción, todo explicado
socialmente por el mecanismo determinado por la teoría económica. Es allí donde
al criticar y rechazar o aceptar y coordinar, desarrolla la obra de Teorías de la
plusvalía, que se convierte en un monumento de celo teórico, lleno de prejuicios
y objetos extracientíficos, hasta el punto que el frío metal de la teoría económica
está inmerso, en las páginas de Marx (1984), en una riqueza de frases hirvientes que
adquiere temperatura que sobrepasa a la suya natural. La teoría de la plusvalía no
expone más que una proposición acerca del propósito económico estacionario
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en perfecto equilibro, ambientes técnicamente utópicos en comparación con los
ámbitos económicos actuales, esta teoría no hace más fácil la resolución de los
problemas creados por la discrepancia entre la teoría del valor del trabajo y los
hechos patentes de la realidad económica, sino que por el contrario los agudiza, y
entra en la categoría de los falsos problemas que resultan siempre de los intentos
de construcción de una teoría artificiosa y desarrollan soluciones que pertenecen
a la categoría de resoluciones desesperadas, determinando así que la teoría de
la plusvalía de Marx, tomada en sí misma, sea insostenible.
Otro eslabón suministrado por Marx (1984), visionario en su contexto histórico,
fue la teoría de la concentración en la que señala:
Que la tendencia del proceso capitalista a incrementar tanto el volumen
de las instalaciones industriales, como el de las unidades de intervención,
fue capaz de llegar a la predicción del desarrollo futuro de los gigantes
industriales que estaban en períodos de gestación y la situación social que
habrían de crear.
En este aspecto, dadas las condiciones de la época de Marx, Schumpeter (1983)
fue capaz de vincular hábilmente la concentración al proceso de acumulación,
percibiendo sus consecuencias y potenciando la atmósfera de la guerra de
clases y la política de clases, elevando así su exposición por encima de los secos
teoremas económicos que implicaba.
2. El capitalismo como estructura evolutiva
Es esencial considerar al capitalismo como un proceso evolutivo por
naturaleza, como forma o método de transformación económica que nunca
podrá ser estacionario. El carácter evolutivo del proceso capitalista no se da
solo por el hecho que la vida económica transcurre en un medio social (lo que
brinda especial protagonismo al ámbito económico por encima de lo social),
sino que el impulso fundamental procede de los nuevos bienes de consumo, de
los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados y de
las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa destrucción
creadora (Homo Economicus, 2014).
Los economistas comienzan a salir de la etapa en la que contemplan
únicamente la competencia de precios, y comienzan a asimilar aspectos
como la competencia, calidades y el esfuerzo de vender. Inclusive, dentro
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de la competencia, se comienza a evolucionar hacia la aparición de artículos
nuevos, otras técnicas, novedosas fuentes de abastecimiento, un nuevo tipo de
organización, entre otros aspectos que dan lugar a una superioridad decisiva en
el costo o en la calidad que afectan, no a los márgenes de ganancia y producción,
sino a sus cimientos y su misma existencia (Homo Economicus, 2014).
En este sentido, una de las posibles crisis del capitalismo reflejada por
Schumpeter corresponde a la teoría de la desaparición de la oportunidad
de inversión, en la que una de las principales razones corresponden a la
saturación, la desaparición de los nuevos territorios e inclusive la ausencia
de las innovaciones técnicas.
3. La democracia en el orden socialista
Para Schumpeter la democracia en el orden socialista funciona con similares
postulados a los de la democracia en la teoría clásica, pues el socialismo no parece
tener en cuenta que la democracia nace al mismo tiempo que el capitalismo, la
democracia es entre otras cosas, “democracia burguesa”.
Si bien es cierto que la burguesía ha producido a individuos no burgueses
con exitoso caudillaje político, no ha podido consolidar un estrato político propio,
una sociedad política que garantice la calidad de los políticos democráticos y la
eficiencia del sistema.
Esto cimentó la prognosis pesimista para la construcción de la teoría socialista
de la democracia, que desciende de la ideología burguesa clásica. Comparte
así su racionalismo y su utilitarismo, pero con un final diferente, sobre todo un
final antidemocrático incapaz de respetar el derecho a la propiedad privada y
que avanza sobre cuestiones económicas por fuera de la esfera de lo político, sin
entender que ambas contienen reglas diferentes.
La extensión del dominio de la gestión pública socialista no tiene la
autolimitación democrática que contiene el sistema democrático schumpeteriano
de la esfera política ante la esfera económica. Por el contrario, en el orden socialista,
el político se inmiscuye sin saber en una esfera económica que, al tener distintas
reglas, traduce la falta de su gestión política en falta de pan. Schumpeter cree
que si el socialismo lograra reedificar la estructura social, los problemas podrían
ser resueltos por el método democrático, lo cual parece improbable. De todas
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maneras, el autor sí reconoce del socialismo, una sociedad política propia en los
países marxistas pero que no por ello gozan de profesionalismo económico.
El pensamiento y comportamiento racional, así como la civilización
racionalista hacen referencia a una ampliación lenta pero continua del sector
de la vida social dentro del cual los individuos o los grupos se enfrentan con
una situación dada, tratando de obtener lo mejor de ellas confiando en sus
propias facultades, así como también, obrando de acuerdo con las reglas de
la coherencia que nosotros llamamos lógica.
De esta manera, el capitalismo naciente ha creado no solo una actitud mental
de ciencia moderna planteándose interrogantes y contestándoselos de manera
determinada, sino que ha creado también los hombres y los medios. Así mismo,
es importante tomar en consideración que los efectos de la evolución capitalista
han realizado impactos históricos sobre las bases económicas que sostienen
los estratos superiores. Por ejemplo, la evolución capitalista hizo mucho para
destruir las ordenaciones institucionales del mundo feudal: la hacienda, la aldea
y el gremio de artesanos, incentivando los procesos correlativos del surgimiento
de la burguesía capitalista y del surgimiento de los Estados nacionales, así como
también, potenció el elemento aristocrático, absorbiendo y encausando hacia
la política los cerebros salidos de los demás estratos.
4. El sistema de competencias perfectas
Para Shumpeter el sistema de competencias perfectas, al funcionar en las
condiciones de la evolución capitalista, muestra fallos peculiares, ya que, en
ocasiones, presenta una eficiencia mediocre, especialmente en el campo de la
técnica, y siendo así, desaprovecha oportunidades económicas, convirtiéndose
entonces en un “mal necesario”, motor del progreso y especialmente de la
expansión a largo plazo e inseparable del progreso económico; es por ello que,
ante estas restricciones, la competencia perfecta no es solo imposible, sino inferior,
y carece de todo modelo de eficiencia ideal. De esta manera, el autor expone tres
grupos de factores que justifican una predicción pesimista del capitalismo en
su época histórica:
Factores ambientales. El proceso capitalista da lugar a una distribución
del poder político y a una actitud sociopsicológica (expresada en las medidas
políticas) que le son hostiles al capitalismo y afectan la fuerza motriz de la economía
burguesa de lucro